Cómo una sociedad anónima de ciudadanos en Friburgo financió toda la cadena alimentaria ecológica de su región — y qué hace falta para construir algo así en Argentina.
La pregunta no tenía trampa. Hiss escuchaba las respuestas y las sistematizaba. Lo que descubrió no fue un conflicto entre agricultores y consumidores: fue una paradoja. Los consumidores deseaban una agricultura diferente —local, ecológica, justa— pero en el supermercado elegían el precio más bajo. Los agricultores querían liberarse de las dependencias de los insumos y del mercado anónimo, pero no podían porque el sistema los atrapaba. Entre ambas partes faltaba algo: una estructura de unión que permitiera un acuerdo contractual sobre metas comunes.
En 2006, Hiss y un grupo de ciudadanos de la región fundaron Regionalwert SA. Una sociedad anónima —no una ONG, no una cooperativa, no una fundación— donde los accionistas son ciudadanos de la región que invierten en toda la cadena de valor alimentaria ecológica: granjas, queserías, panaderías, distribuidoras, tiendas.
Qué es exactamente Regionalwert SA
La forma jurídica es una SA civil alemana, pero lo que la hace singular no es la forma: es la misión que la define. Regionalwert SA invierte en empresas de la región para fortalecer el sistema alimentario ecológico local. No en una sola empresa: en toda la cadena, desde el campo hasta el plato.
Sus accionistas no son fondos de inversión ni instituciones financieras. Son ciudadanos que pueden invertir desde €500. Tienen derecho a voto en la Asamblea General bajo el principio de un accionista, un voto —independientemente de cuántas acciones posean. Y reciben cada año no solo un informe financiero sino un informe de impacto: cuánta biodiversidad se creó, cuántos empleos se sostenían, cuánta tierra agrícola permaneció en producción ecológica gracias a la inversión colectiva.
700 accionistas ciudadanos · €4 millones de capital movilizado · más de 25 empresas de la cadena alimentaria participadas · desde granjas biodinámicas hasta una distribuidora mayorista de alimentos naturales. El modelo se replicó en otras regiones de Alemania hasta superar los 4.000 accionistas y €13 millones de capital total.
Los cuatro tipos de capital que Hiss quería hacer visibles
La premisa filosófica de Regionalwert es que el capital convencional es ciego: solo ve el dinero. Pero una región tiene al menos cuatro formas de capital, y cuando solo se mide el financiero, los otros tres —el natural, el social y el de habilidades— se destruyen silenciosamente.
El capital natural es la fertilidad del suelo, el agua limpia, la biodiversidad, el paisaje. Cuando una granja cierra y la tierra se convierte en un galpón logístico, ese capital no desaparece del balance de nadie: simplemente no estaba en el balance. El capital social es la red de relaciones de confianza entre agricultores, distribuidores y consumidores. El capital de habilidades es el saber práctico del agricultor, el artesano, el transformador: décadas de conocimiento acumulado que se pierden cuando una granja cierra sin sucesor. El capital financiero es el único que el mercado convencional reconoce — y para Hiss, debe estar al servicio de los otros tres, no al revés.
La cadena completa: del campo al plato
Lo que distingue a Regionalwert de una simple cooperativa agrícola es que siempre mira la cadena entera. Invierte en granjas, pero también en el molino que transforma el grano en harina, en la quesería que procesa la leche de las granjas de la red, en la distribuidora que conecta productores y tiendas, en las tiendas ecológicas del barrio donde el ciudadano compra. Cada eslabón es una empresa real, con empleados reales, que genera valor real dentro de la región.
Cuando una quesería de la red transforma la leche de las granjas vecinas, el valor agregado —el trabajo, el conocimiento, el empleo— no sale de la región. Circula dentro. Y ese circuito interno de valor es, para Hiss, la definición operativa de soberanía alimentaria regional.
El retorno que no es solo dinero
Hiss fue siempre honesto con sus accionistas: no inviertan en Regionalwert esperando la misma rentabilidad financiera que en el mercado de capitales. El retorno es triple: financiero, social y ecológico. Y los tres son reales.
"El inversor reconoce que Regionalwert enciende la luz en la parte opaca de las finanzas y capta los valores que en otras inversiones están ocultos."
Christian Hiss · Regionalwert SA — El valor de la región, 2014
El retorno financiero existe —las empresas de la red generan excedentes— pero es moderado y de largo plazo. El retorno ecológico es el suelo que mejora su fertilidad, el paisaje que conserva su biodiversidad, el agua que no se contamina. El retorno social es el agricultor que tiene relevo generacional, el joven que puede acceder a tierra para iniciar su granja, el saber práctico que se transmite de una generación a la siguiente.
¿Es posible en Argentina?
La pregunta no es retórica. El libro de Hiss fue publicado en castellano por Editorial Biodinámica precisamente porque el impulso que describe no es alemán: es humano.
La forma jurídica alemana —la SA civil— no existe en Argentina con esas características. Pero el Código Civil y Comercial argentino ofrece alternativas: la Sociedad de Beneficio e Interés Colectivo (BIC), creada por la Ley 27.349 en 2017, permite declarar un propósito social o ambiental vinculante. El fideicomiso de administración con objeto agroecológico puede sustraer tierra del mercado especulativo de manera permanente. Una SAS con estatuto de misión puede restringir la transferencia de participaciones.
Lo que no puede importarse mecánicamente es lo que Hiss llama el new local deal: el nuevo contrato social entre ciudadanos y agricultores de una región. Ese contrato se construye conversación por conversación, asamblea por asamblea, temporada por temporada. Y comienza con la misma pregunta que Hiss hizo en Friburgo en 2005: ¿qué sistema alimentario queremos en esta región?
La inestabilidad monetaria crónica encarece el costo de oportunidad de mantener capital comprometido en una SA de misión. No es insuperable: el capital podría denominarse en dólares o en unidades indexadas al precio de la tierra agrícola de la región. Pero requiere ingeniería jurídico-financiera específica para el contexto local. El primer Regionalwert argentino necesitará, junto al grupo promotor agrícola, un equipo con experiencia en estructuras financieras alternativas.
